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Mostrando entradas de octubre, 2015

Hace mucho que se fué.

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Hace exactamente un año ocho meses, siete días y doce horas que murió. Lo recuerdo como si fuera ayer. Recuerdo cuando el frío acero de sus parpados bajó restando la vida de su cuerpo; Recuerdo perfectamente esa bala que salió de su boca  perforando algo que, dado mi estado actual, necesitaba para vivir; Recuerdo esa última palabra que empezaba sonando a lengua muerta y terminaba en un botón colgando el teléfono. Recuerdo mi funeral, y aquella cerveza barata que no tenía ni nombre. Y recuerdo, sobre todo, cuando ardiendo arrojé mis cenizas al Mar Vivo de cualquier otra mujer.

Guerra Fría

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Ya no puedo más con esta Guerra Fría de miradas, tengo los parpados escarchados de ojearte a medio lado y tú, con tu mirada lasciva de puro paisaje, miras el horizonte. Yo,  victima de miles de balas de esperanza solo espero que bajes la cortina y me tapes el sol, para que pueda seguir escribiendo.

Una putada.

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Esto es una putada. Es así, no se me ocurre otra forma de empezar este poema. Una putada es estar horas sin poder garabatearte las piernas sin firmarte con saliva alrededor del ombligo, sin comerme el mundo a través de tu boca. Ya te lo advertí. Se me da mal fingir,... "Amor", y se me ven las intenciones a la lengua. No te imaginas lo largo que puede llegar a ser la llegada del invierno cuando no puedes refugiarte bajo unas pestañas. Ahora vivo con mi sonrisa pensante, solo coqueteo con el borde del vaso de whiskey -con dos hielos, que suena mejor.- y me he divorciado del sueño para hacer de héroe en tus peores pesadillas. Ocupo estos pocos relampagueos de lucidez en clavar chinchetas en esa foto de carnet que tanto odio y que nunca quise regalar para ver si acabo sangrando algo, pero ¿Qué quieres que te diga? Ni siquiera me siento solo sin ti. Odio no poder tocarte, odio no hacerte mía, pero sobretodo, sobre todas las cosas, odio tener en la punta ...

Grilletes.

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La soledad nunca es cuando estás en mi cama, estoy bajo cero a doscientos sesenta y uno del kilómetro cero de tu espalda. Las cuatro menos cuarto de la mañana, y metiendole mano a tu recuerdo. Propongo que nos comamos el mundo y busquemos la manera de reescribirnos la piel desde lejos centímetro a centímetro y sin escatimar en saliva (si es necesario venderemos la poca vergüenza que me queda) que tu cuerpo es el único taller donde quiero arreglar el mundo. Entra primero que ya entraré yo, pero no olvides aparcar esa inocencia que tanto me gusta en la puerta esta noche vas a ser my russian pornstar y pienso tomar la plaza roja en una sola noche. Bailemos un tango horizontal hasta que nos aplaudan tus sabanas. Desnúdate y enséñame la pierna desde la puerta, ya me ocupo yo de marcarte los pasos por hoy. Acércate un poco y yo te bailo los silencios, el agua y los lobos si hace falta. Ensuciate esa boquita de piñón. Sé la más puta del vecindario, que nos hagan los coros...

Nunca pasa nada.

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Ayer soñé que convertíamos en volcanes las peores cordilleras nevadas, después me desperté y supe que solo me echabas tu aliento en la nuca, y estaba soñando porque más quisieran los dragones exhalar vida como tu lo haces y más quisieran las pesadillas que tu aparecieras en ellas. Pero ¿Eh? Que no pasa nada, nunca pasa nada si no es contigo. Debo admitir que no sé si me gustabas más de dragón o de princesa pero ya no me siento ni solo sin ti, así que hazme un favor: Procura quedarte para cuando despierte. Es una putada despertar sin ti. Pero ¿Vivir? Ni te imaginas.

Pensar,

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Te pienso, como se piensan dos locos enamorados del amor. Te pienso, como piensan los trenes si te pierden. Te pienso, como piensan los genios sus mejores creaciones. Pensarte es convertir tu recuerdo en inmortal. Pensarte es rebajar el miedo de intensidad. Pensarte aquí conmigo aquí de a ti. A mí, contigo, a ti sin mí. Sin ti. Te pienso, sin más razones que las horas de sueño y los techos. Te pienso, como sienten los huesos el frío que les cala hasta los sesos. Te siento si te pienso, y te doy la vuelta. Solo una. Solo ocho. Te pienso, con el miedo de los pájaros a volar. ¿Me piensas tú? Quizá me estés soñando, pero no te preocupes si no es así, porque mis manos son dos, y pueden pensar por ti …y por mí.

Medio melón.

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¿Cuántos amores de vida existen para cada uno? ¿Cómo se identifica? ¿Existe alguien único, personal e intransferible que hace de tu medio melón? Yo creo que el amor cumple años. Cada momento de vida tiene un amor. Cada instante de tu vida está predefinido por un corazón. Y en cada oportunidad, en cada tren, debes sentir que es ella, para poder clasificarlo como amor. En el amor, como en todo, hay un tope y un mínimo, es una escala, un intervalo. Si no entras en la medida, te quedas fuera. Si no lo muestras tal y como es, aunque lo sientas, no se clasifica como tal y no obtienes el título de perdedor. Porque sí, el amor es perder. Es perderte, sentir que ganas mientras huyes acompañado. Porque huyes. Porque todo el mundo huye cuando un amor lo abandona y en esa huida te cruzas con otros amores cobardes. Cobardes o malheridos, con el corazón en la mano y esperando, porque les han quitado hasta la fuerza de poder reconstruirse para seguir latiendo. Vivir es latir, el corazón es vida....

Me ofrezco voluntario.

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Yo mismo me ofrezco voluntario a cuidarte en las distancias, en las medias y en las enteras. A quererte con palabras, a guardarte los abrazos que ahora no te puedo dar. Yo, estoy dispuesto a esperar lo que haga falta hasta que me duelan demasiados los kilómetros y tus diminutivos hacia mi persona carezcan de efecto lateral. Yo, autorizo a mi corazón a dejarse llevar, a llevarte de la manera más exacta posible, a intentarte. Yo, me permito errar si me toca contigo. Yo, me declaro imparcial ante tus guerras de frío.

Quien seas.

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Todos mis octubres rotos hasta que llegaste tú. Abriles robados hasta que me los devolviste. Septiembres dejados a medias en comienzos de lunes. Diciembres cubiertos de frío que quemaba. Febreros bisiestos de veintinueves sin ti. Agostos (re)llenos de libros y noches en las que no aparecías. Meses, semanas, días, horas, minutos, segundos, vidas sin saber ti. Y apareces. Te da por aparecer. Por resurgir de entre las caídas. Te da por subirte a mi mundo sin permiso y con alevosía. Te da por instalarte en mi café de las ocho, en mi media mañana, en mi sobremesa, te saltas mi merienda y te quedas a vivir en mi cena.  ¿Y ahora qué? Cómo te explico que mis domingos comienzan a ser astrománticos y eso que son sin tu presencia. De qué manera te hago saber que me has enganchado a los andamios de tu piel.  Que mis palabras se dirigen a ti . Que cuento las horas para verte. Que a medias distancias, entre regionales y  trenes que parecen  camas de   hotel, t...