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Carta de un tipo de 45 años a su yo de 5

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Escucha, chaval. Ahora mismo estás sentado en el suelo, viendo dibujos animados con una camiseta que pica, pensando que la vida consiste básicamente en galletas, bicicletas y no morir de calor en el coche sin aire acondicionado. Y tengo noticias para ti. Primero: sobrevives. Segundo: inexplicablemente, alguien llegará a considerarte “adulto”. Sí, ya sé. A mí también me parece irresponsable. Te voy a contar lo que te espera. Prepárate. Vas a crecer en los 80. Eso significa que tus padres fumarán en todas partes. En casa. En el coche. En restaurantes. Probablemente dentro de un submarino si tienen ocasión. Respirarás más tabaco que oxígeno y aun así desarrollarás un sistema inmunológico capaz de aguantar festivales, bares de mala muerte y kebabs a las cuatro de la mañana. Los 80 son una época maravillosa. La ropa parecerá diseñada por alguien con una deuda emocional con el plástico. El pelo tendrá volumen ilegal. Y descubrirás algo increíble: antes, para llamar a alguien, habí...

Hay algo maravilloso en la mente humana.

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Hay algo maravilloso en la mente humana: su capacidad para montarse películas sin presupuesto, sin guion y sin comprobar nada. Antes la gente preguntaba. Era una costumbre curiosa: alguien tenía una duda… y preguntaba. Ahora no. Ahora la gente dirige, produce y protagoniza su propia película mental en cuestión de segundos. Por ejemplo: alguien te ve serio cinco segundos. Y automáticamente empieza la producción. Primero el guion: “Está enfadado conmigo”. Luego el desarrollo del personaje: “Seguro que es por lo que dije hace tres semanas”. Después la trama secundaria: “Bueno, claro… si es que nunca le he caído bien”. Y ya para cuando han terminado los créditos finales, tú solo estabas pensando si te quedaba leche en casa. Pero claro, preguntar sería demasiado sencillo. Y además arruinaría toda la narrativa. Imagínate que preguntas: —¿Te pasa algo conmigo? Y la otra persona responde: —No, estoy cansado. Fin. Se acabó la película. Dos minutos de duración. Ni drama, ni traición, ni...

EL TIEMPO YA NO PASA, ME ADELANTA.

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El tiempo ya no pasa: me adelanta por la derecha. Sin intermitente. Sin mirarme. Como si yo fuera una farola más del paisaje. Antes el tiempo tenía otra educación: se sentaba, suspiraba, me dejaba acabar un pensamiento. Ahora va con prisa, con culpa y con un café en la mano. Y yo detrás, intentando no perder el hilo de lo que estaba pensando antes de que todo empezara a correr. No tengo tiempo. O eso digo. Que es una frase comodín, como “luego hablamos” o “todo bien”. No tengo tiempo porque el mundo va demasiado rápido y yo voy demasiado lleno. Lleno de cosas que quiero hacer, de cosas que debería hacer y de cosas que no sé muy bien por qué sigo haciendo. Y en medio de todo eso, yo. Antes escribía poesía. Textos tiernos. Muy tiernos. De esos que no tenían prisa ni destino, que no querían ser nada más que lo que eran. Escribía para entenderme, para tocarme un poco por dentro, para dejar constancia de que estaba aquí y sentía cosas. Ahora escribo canciones. Y no me malinterpretes, me g...

A los 40.

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"A los cuarenta y más... los sentimientos son más verdaderos, las sonrisas más honestas, las miradas ya no son como antes, se volvieron menos sonrientes, ¡Ahora brillan más que las estrellas! A los cuarenta y más... rompes estereotipos vanos, destrozas prejuicios estúpidos. Desnudas la hipocresía, doblegas a los embusteros ¡Pues no hay más sabio que tu piel marcada, tus mil historias rotas, y tus cientos de victorias ganadas! A los cuarenta y más... ya no crees en cuentos baratos ¡Crees más en promiscuas que en decentes! Ahora tus besos son más apasionados, más delirantes, más sucios y descarados. Tus labios ya no son pasajeros, ¡Ahora retiemblan en la piel, ahora te gimen te gritan, se mojan, te vuelven poesía! A los cuarenta y más... tu cuerpo no es el mismo ¡Lo han moldeado, batallas y glorias! Ya no crees en medidas, ni pesos y cuerpos perfectos, ahora anhelas un alma perfecta, con proporciones de amores eternos, que siempre luche a tu lado. ¡Y el miedo al fracaso le pela ...

Desde aquí.

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Me gustaría decirte ahora, desde donde vivo, que es la primera vez que estoy en paz con el mundo porque es  la primera vez que he dejado de estar en guerra conmigo.  Ya no tengo nada que perder, hace tiempo que me di cuenta. Siempre hablé desde el otro lado de la muralla, hice recovecos para mirarte de reojo a través de las grietas y tú,  robando las ganas al mundo a punta de pistola,  besaste mis cimientos hasta deshacerlos,  traspasaste mi Berlín y descubriste mis Americas. Te querría con los pies en la Tierra y las manos a tientas,  te amaría con la cabeza en las nubes y el corazón en tu boca.  Quizá muerdas, pero nunca dolerá tanto como un adiós.  No he venido a recordar el dolor, ni tu belleza,  hay gente que lo sabe hacer mejor que yo,  por si esta fuera mi última carta:      Me gustaría decirte que lo siento, siento desazón en las entrañas,  un vacío en el pecho, ...

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Me gusta, entre otras cosas, porque a su lado mi pasado son cien pájaros en la mano y yo volando. Me gusta, entre otras, porque es capaz de no mirarme a los ojos y seguir viéndome, porque me habla de hipotecar el presente por un futuro incierto, me gusta porque me promete cruzándome los dedos. Me gusta, pero también me gustan otras. Me gusta porque cuando hablo de vivir el mundo es el resto y ella es la que suma.  Me gusta porque a su lado miro a la libertad a la cara, la toco la beso me veo ahí y entonces nunca me atrevo a irme del todo por miedo a ser libre sin sus alas. Me gusta porque conoce el respeto dentro y fuera de lo eterno, de todo y no teme porque sabe que siempre entre mil opciones tengo una elección. No teme porque sabe que mis siempre no son de verdad, no teme porque cuando soy yo el que promete, sólo necesitamos descruzar los brazos para sentirnos en casa. Me gusta, pero también me gustan otras. Me gustan mil mentes, pero su cabeza en la...

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Voy a apagar la luz porque no quiero verme.  Cada día me preguntan cuándo voy a madurar. Mi idea es nunca. De verdad, no te empeñes, que la vida pasa factura, y se nota. ¿No lo notas? Mira, anota esto: La última vez que viajé en coche estuve pensando en el futuro, ¿y cuándo no? ¿Dónde irán a parar todos aquellos presentes que se sacrifican por mañanas?, para que luego digan que el mañana no existe. Mírate. Salgo de trabajar, me monto en un coche que no es el mío, pero me hace sentir tan cómodo que nunca será el mío. Quito el seguro, el parasol ¿para qué? Ni idea, pensaba que lo que necesitábamos era luz. Arranco, marcha atrás, intermitente y salgo. Diez minutos de viaje, mucha música y aún más ganas de escucharme. Quito el volumen y me doy al play. Divago, pienso en alto, hablo con mi hoy, con este cuerpo que vive -dice- el momento, pero que vive -de lleno- atormentado. Una tormenta sin nombre o quizá con demasiados, una tormenta sin calma o quizá con demasiada, una...