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Voy a apagar la luz porque no quiero verme. 

Cada día me preguntan cuándo voy a madurar. Mi idea es nunca.
De verdad, no te empeñes, que la vida pasa factura, y se nota.
¿No lo notas? Mira, anota esto:

La última vez que viajé en coche estuve pensando en el futuro, ¿y cuándo no? ¿Dónde irán a parar todos aquellos presentes que se sacrifican por mañanas?, para que luego digan que el mañana no existe. Mírate.
Salgo de trabajar, me monto en un coche que no es el mío, pero me hace sentir tan cómodo que nunca será el mío. Quito el seguro, el parasol ¿para qué? Ni idea, pensaba que lo que necesitábamos era luz. Arranco, marcha atrás, intermitente y salgo. Diez minutos de viaje, mucha música y aún más ganas de escucharme. Quito el volumen y me doy al play.
Divago, pienso en alto, hablo con mi hoy, con este cuerpo que vive -dice- el momento, pero que vive -de lleno- atormentado. Una tormenta sin nombre o quizá con demasiados, una tormenta sin calma o quizá con demasiada, una tormenta -creo- de la nada. El caso es que entre kilómetros aseguro en voz alta la suerte que tengo de tener a mi entorno. Cuando encuentras el amor verdadero sabes que es él, si tienes a alguien al lado y todavía sigues preguntándotelo, sal de ahí, justo por donde dice emergencia.

Mi cabeza me asegura que lo sabes con certeza porque automáticamente llega una persona, se instala en tus días y te hace querer cosas que antes no querías. Llega una persona y te reconcilia con la vida. Sin aviso, sin correos, sin tecnología, a plena mirada, de lleno, te llena.

El tiempo para quien trabaja puede ser un respiro o un suspirar constante. Un "me falta el aire" que nunca llega, una vida echada a perder o un perder la vida antes que echarme y rendirme. Es tan difícil gestionar un tiempo limitado... Es tan complejo cuidar y nutrir los vínculos para que no se sientan estancados... A veces, pienso en por qué los seres humanos nos empeñamos en adaptarnos a otras vidas. Es tan jodidamente complicado cuidar una planta que... Dios, malditos viveros, ¿cómo lo harán para hacer que el resto caigamos en la trampa de querer ser como ellos? 
El corazón nunca entenderá cuánta luz hay que dejar entrar, pero cómo vamos a saberlo, si cada vez que nos paramos a pensar, tenemos algo a mano para cubrirnos del incendio.

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