Hay algo maravilloso en la mente humana.
Hay algo maravilloso en la mente humana: su capacidad para montarse películas sin presupuesto, sin guion y sin comprobar nada. Antes la gente preguntaba. Era una costumbre curiosa: alguien tenía una duda… y preguntaba. Ahora no. Ahora la gente dirige, produce y protagoniza su propia película mental en cuestión de segundos.
Por ejemplo: alguien te ve serio cinco segundos.
Y automáticamente empieza la producción.
Primero el guion:
“Está enfadado conmigo”.
Luego el desarrollo del personaje:
“Seguro que es por lo que dije hace tres semanas”.
Después la trama secundaria:
“Bueno, claro… si es que nunca le he caído bien”.
Y ya para cuando han terminado los créditos finales, tú solo estabas pensando si te quedaba leche en casa.
Pero claro, preguntar sería demasiado sencillo. Y además arruinaría toda la narrativa. Imagínate que preguntas:
—¿Te pasa algo conmigo?
Y la otra persona responde:
—No, estoy cansado.
Fin. Se acabó la película. Dos minutos de duración. Ni drama, ni traición, ni plot twist. Un desastre cinematográfico.
Hoy en día lo que se lleva es la superproducción emocional. Con efectos especiales, banda sonora dramática y todo.
Y lo mejor es que los actores secundarios no saben ni que están en la película.
Tú vas por la vida tranquilo, pagando la compra, mirando el móvil, respirando… y en la mente de alguien eres el villano principal de una trilogía.
Pero espera, que hay más.
Porque además ahora nos creemos cualquier cosa. Pero cualquier cosa. O sea, llega alguien, dice algo con mucha seguridad y automáticamente pasa a ser verdad universal.
Si lo dice una persona cualquiera:
“Dicen que no se puede confiar en él”.
¿Quién lo dice?
No se sabe.
¿De dónde sale?
Misterio.
¿Pruebas?
¿Para qué? Tenemos vibes.
Las vibes ahora sustituyen a los hechos.
Antes la gente decía:
—No lo sé, voy a informarme.
Ahora dicen:
—No lo sé… pero lo siento en el ambiente.
El ambiente. Como si la verdad fuese humedad relativa.
Y mientras tanto la falsedad campa a sus anchas. Porque claro, mantener una imagen es agotador. Así que mucha gente ha optado por una solución más práctica: ser falso a tiempo completo.
Sonríen, asienten, te dicen “claro, claro”, “totalmente”, “qué razón tienes”…
Y en cuanto te das la vuelta, empieza el spin-off de la película.
Porque otra cosa que nos encanta es creer historias sobre personas en lugar de hablar con las personas.
Si alguien dice:
—He oído que fulano es complicado.
Automáticamente ya lo imaginamos como un villano de telenovela. Con capa, tormenta de fondo y monólogo dramático.
Cuando en realidad igual el tipo solo habla poco. O está cansado. O simplemente no tiene ganas de participar en el festival nacional del drama.
Pero claro, admitir eso sería aburrido.
Y a la gente le encanta el drama… siempre que no tenga que comprobar si es verdad.
Así que vivimos rodeados de directores de cine mental, críticos de personalidad ajena y guionistas de historias que nadie ha pedido.
Y todo por evitar algo tan revolucionario, tan radical, tan casi ilegal hoy en día como decir:
—Oye… ¿esto es así o me estoy montando una película?
Porque esa frase, amigos, destruiría el 80% de los conflictos humanos…
y dejaría a muchísima gente sin trabajo como director de ficción mental.

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