"Me gustaría hacerte una pregunta y que me prometas responder con sinceridad, ¿cuánto tiempo habrá durado tu historia de amor más larga? ¿Dos, tres, cuatro, cinco años tal vez? Qué más da, dicen que el amor dura siete años. Vamos, se sincera y contéstame. ¿Serías capaz durante siete años de entregarte a alguien sin reservas, de darlo todo sin limites, sin dudas ni temores, sabiedo que esa persona a la que quieres más que a nada en el mundo olvidará casi todo lo que habréis vivido juntos? ¿Aceptarías que tus atenciones, tus gestos de amor, se borraran de su memoria, y que la naturaleza, a la que le horroriza el vacio, llenará un dia esa ausencia con reproches y anhelos cumplidos? Consciente de que todo ello es inevitable, ¿encontrarías pese a todo la fuerza de levantarte en mitad de la noche cuando la persona a la que quieres tiene sed o simplemente una pesadilla? ¿Tendrías ganas todas las mañanas de prepararle el desayuno, de velar por distraerla todo el día, divertirla, leerle cuentos cuando se aburra, cantarle canciones, salir porque necesitará que le de el aire, incluso cuando hace un frio helador? Y al llegar la noche, ¿ignorarías el cansancio, irías a sentarte al pie de su cama para aplacar sus miedos y hablarle de un porvenir que, irremediablemente vivirá lejos de ti? Si tu respuesta a cada una de estas preguntas es sí, entonces perdoname por haberte juzgado mal, sabes de verdad lo que es amar."
Hay algo maravilloso en la mente humana.
Hay algo maravilloso en la mente humana: su capacidad para montarse películas sin presupuesto, sin guion y sin comprobar nada. Antes la gente preguntaba. Era una costumbre curiosa: alguien tenía una duda… y preguntaba. Ahora no. Ahora la gente dirige, produce y protagoniza su propia película mental en cuestión de segundos. Por ejemplo: alguien te ve serio cinco segundos. Y automáticamente empieza la producción. Primero el guion: “Está enfadado conmigo”. Luego el desarrollo del personaje: “Seguro que es por lo que dije hace tres semanas”. Después la trama secundaria: “Bueno, claro… si es que nunca le he caído bien”. Y ya para cuando han terminado los créditos finales, tú solo estabas pensando si te quedaba leche en casa. Pero claro, preguntar sería demasiado sencillo. Y además arruinaría toda la narrativa. Imagínate que preguntas: —¿Te pasa algo conmigo? Y la otra persona responde: —No, estoy cansado. Fin. Se acabó la película. Dos minutos de duración. Ni drama, ni traición, ni...
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