Si  me  tirara un jarro de agua fría cada vez que me equivoco al llamar a cada puerta,estaría tan mojado como la ropa que se tiende últimamente en los balcones y tarda lo mismo en secarse que yo en olvidarme que la culpa siempre es mía. Creo que no se basa en puertas,ni en quicios que es de donde te sacas tu mismo cada vez que te metes la mano en los bolsillos y no encuentras la llave, puertas hay muchas,algunas incluso sin cerrojo,pero tu quieres abrir esa, la de color,la que más cerrojos tiene,la que tiene una gran señal de no aparcar justo delante por eso de que si te la quedas mucho rato mirando,te encierra,pero por fuera,y eso es lo último que quieres,tu quieres abrir esa...la que más lejos tienes porque te separa un jardín de dudas,la más te cuesta alcanzar, quizá por la altura...la más difícil...porque tu nunca has creído en que alguien te abra puertas como esa y además seria la última anotación tachada de tu lista de sueños cumplidos. Será que nunca te acostumbras a cumplirlos y cuando lo haces no te lo crees.Y cuando te lo crees es cuando te das cuenta de que no son llaves lo que abren las puertas,son las ganas,porque si querer es poder,me parece que estamos queriendo muy poco.

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