Si me tirara un jarro de agua fría cada vez que me equivoco al llamar a cada puerta,estaría tan mojado como la ropa que se tiende últimamente en los balcones y tarda lo mismo en secarse que yo en olvidarme que la culpa siempre es mía. Creo que no se basa en puertas,ni en quicios que es de donde te sacas tu mismo cada vez que te metes la mano en los bolsillos y no encuentras la llave, puertas hay muchas,algunas incluso sin cerrojo,pero tu quieres abrir esa, la de color,la que más cerrojos tiene,la que tiene una gran señal de no aparcar justo delante por eso de que si te la quedas mucho rato mirando,te encierra,pero por fuera,y eso es lo último que quieres,tu quieres abrir esa...la que más lejos tienes porque te separa un jardín de dudas,la más te cuesta alcanzar, quizá por la altura...la más difícil...porque tu nunca has creído en que alguien te abra puertas como esa y además seria la última anotación tachada de tu lista de sueños cumplidos. Será que nunca te acostumbras a cumplirlos y cuando lo haces no te lo crees.Y cuando te lo crees es cuando te das cuenta de que no son llaves lo que abren las puertas,son las ganas,porque si querer es poder,me parece que estamos queriendo muy poco.
Hay algo maravilloso en la mente humana.
Hay algo maravilloso en la mente humana: su capacidad para montarse películas sin presupuesto, sin guion y sin comprobar nada. Antes la gente preguntaba. Era una costumbre curiosa: alguien tenía una duda… y preguntaba. Ahora no. Ahora la gente dirige, produce y protagoniza su propia película mental en cuestión de segundos. Por ejemplo: alguien te ve serio cinco segundos. Y automáticamente empieza la producción. Primero el guion: “Está enfadado conmigo”. Luego el desarrollo del personaje: “Seguro que es por lo que dije hace tres semanas”. Después la trama secundaria: “Bueno, claro… si es que nunca le he caído bien”. Y ya para cuando han terminado los créditos finales, tú solo estabas pensando si te quedaba leche en casa. Pero claro, preguntar sería demasiado sencillo. Y además arruinaría toda la narrativa. Imagínate que preguntas: —¿Te pasa algo conmigo? Y la otra persona responde: —No, estoy cansado. Fin. Se acabó la película. Dos minutos de duración. Ni drama, ni traición, ni...

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