Ahora que en los días de lluvia hay dos huellas distintas de barro sobre el felpudo
ahora que he hecho las paces con el invierno
puedo salir en manga corta a la calle
saludar a los tenderos que cogen las nueces con guantes de lana
y volver a casa sin tos.
Puedo sentarme sobre las parabólicas de las azoteas
en pantalón corto
con las piernas colgando
y retransmitir a toda la ciudad que el cambio climático existe.
Que existe y que hoy me ha invitado a desayunar.
Puedo hacer flores con el vaho de los niños que juegan en el parque
y repoblar los balcones de la avenida que todavía creen que el invierno no tiene color.
Puedo negarle a la estanquera el mechero que quiere regalarme:
el fuego duerme de 2 de la madrugada a 9:30 de la mañana
en mi cama
con las mantas en el suelo y la almohada doblada
con una camiseta de un grupo de rock’n roll del que no queda ningún componente vivo.
Puedo subir las escaleras guardándome el soplido del suspiro en la funda de mi movil,y luego puedo liberarlo
para que despeine mi pelo
y haga tambalear en el salón los altavoces donde suena uno de mis temas:
nada se destruye cuando tú eres el terremoto.
Si llevo botas es porque todavía quedan cristales en los pasos de cebra del accidente que hubo anoche
cuando llegaste a casa con las luces de los semáforos en una caja de cartón.
Viniste a iluminar las paredes llenas de fotografías
y acabaste nombrándome amante eterno del sol.
Ahora que bailo alrededor de una hoguera de bufandas y abrigos
no dejes que pare la música
no dejes que vuelva el frío.

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