La distancia está hecha para los cobardes.

Te alejas, 
mientras creo que te rapto.

Te desplazas de uno en uno
lamiendo el asfalto.

Le sacudes las válvulas al amor
y me secas los pulmones de suspiros.
-Cómo jodes-

No sé quién te inventó,
pero hay que ser muy cabrón
para dejar los abrazos a medias,
los besos a medio dar
y los andenes a la mitad.

Hay que estar falto de magia
para crear la palabra distancia.
Hay que estar falto de ti
para joderme así.

Que cada minuto me desviva
por acortar el espacio con gritos al aire,
no es suficiente.

Y es que,
a veces,
el tiempo no está a mi favor
y me pide por favor
que no te llame.

Que reclame los tirones de pantalones
en silencio y sin gemidos.
Que su nido,
de momento,
no es mi hueco entre el mentón
y mi cuello.

Que nada corta más
que sus manos de doble filo
tirando de mi jersey
para rescatarme de su ausencia.
Y quien diga que la vida
no son líneas
es que no conoce de sus curvas.

Quien diga que el amor no hace eco,
es
porque no conoce cada hueco
que se llena de ti.

Los “ojalá” los crearon las miradas desviadas,
los vuelos de últimas llamadas.
Su cama de madrugada,
susurrando a mis pupilas
que la falta al final mata.

Los kilómetros que separan
tus flaquezas de mi ritmo.
Si pretendes que resuma
ocho días en una hora,
entonces yo te pido que te acojones
y te bajes los pantalones ante esto.

-Que esta batalla la van a ganar mis ganas-
Si me exiges que en sesenta minutos
le recuerde cuánto me falta,
entonces te obligo a adelantar las llegadas.
La distancia está hecha para los cobardes
para los que no son capaces de dejar todo
por nadie.

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