Luchar.

Por un euro tienes una cerveza. Un matapenas, más bien. No recuerdo bien si era en el bar de la esquina, o de aquel a trescientos kilómetros de aquí, pero tienes que tener algo muy roto para ignorar el olor a calcetín usado. 
Supongo que es cierto que a veces importa más la cantidad, sobretodo si tratas de tapar algo.
Supongo que daría lo mismo un bar, si no fuera por lo largas que se me hacen las barras si no uso tus piernas como referencia. 
Sería mejor descorchar una botella de algún vino cutre, pero hace ya años que admití beber más por cuerpos que con ellos, y más por inconsciencia literal que por placer.

Rozar el masoquismo siempre fue
sólo otra forma de decir las cosas.
Así que vuelvo a hundir los labios en cerveza, me grabo algunos principios en las costillas y me arranco a intentar sacar en claro arpegios de unas cuerdas rotas de tanto rozarnos.

Sonrío.
Y las sombras atadas a mi tobillo aprietan los grilletes de pura pena pero por puta inercia. Después te miro desde los ojos de otros, y me prometo que lo próximo que prometa será no volver a prometerte nada. 
Brindo con tus inseguridades y la cerveza que se derrama huele a sangre incluso antes de tocar el suelo.
Sangrar, que al final es de lo que va todo esto.
Luchar por algo, por alguien
o con alguien,
pero luchar.

No sé, a estas horas no me pidas más.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Hay algo maravilloso en la mente humana.

EL TIEMPO YA NO PASA, ME ADELANTA.

Carta de un tipo de 45 años a su yo de 5