Dolía tanto.

Dolía tanto que no quería escribirlo.
Dolía tanto que no quería escribirlo para no pensarlo,
pero no lo podía evitar. Dolía tanto que no sabía describirlo. 
No tenía ni idea de cómo llamar a esa puta sensación. 
Lo único que sabía era que no me gustaba.
En realidad lo odiaba. 
Si hubiera tenido que explicar a alguien qué sentía, 
cómo o por qué dolía, 
hubiese confesado que llevaba una hora llorando, 
que me estaba ahogando, 
que no sabía qué hacer, que quería saber,
que deseaba poder, pero era incapaz. 
Impotencia. 
Nunca estaba a la altura, nunca lo estaría, 
lo había asumido pero seguía queriendo, seguía deseando. 
No podía ser tan difícil. 
Quería poder hacer felices a las personas que me importaban. 
Quería tener esa fórmula mágica, conocer los secretos. 
Quería aunque fuera no dejar sombras de tristeza y decepción. 
Pero querer no servía de nada. 
A esa conclusión había llegado tiempo atrás. 
Querer era un verbo absurdo, ridículo. 
Al final en la vida todo se resumía en las acciones. 
Y ella siempre terminaba siendo hermética, vacía, transparente, invisible...
tal y como me hacía sentir a mi,
Y fué entonces cuando me regaló otra vida,otros sueños,
metas alcanzables y magia todos los días, y si,
es solo entonces cuando entiendes que cuando te dicen
que ya no existe la magia.....vas a desaparecer. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Hay algo maravilloso en la mente humana.

EL TIEMPO YA NO PASA, ME ADELANTA.

Carta de un tipo de 45 años a su yo de 5