El amor se escribe bonito y se hace salvaje.

Comerte con los ojos, Acercarme lentamente a ti cuando no me estés mirando y susurrarte al oído que llevo pensando en como quitarte hasta el último centímetro de tela y piel desde que te tuve a menos de cincuenta metros. Seguir la jugada con un leve beso en la nuca mientras cojo aire, te huelo y aparto tu pelo con dulzura hacia la izquierda. 
Te susurro: 'Te deseo'.
Y sonrío sabiendo que tú te muerdes el labio inferior mientras recorres tu tripa con la mano, impaciente. Entonces te desabrocho dos botones de la camisa cuidadosamente planchada. Tres, ni uno mas ni uno menos. Los justos para deslizar el hombro de la camisa hasta tu codo y comenzar a besarte y morderte. Después aumento el numero de botones al aire a cinco, y tu camisa queda colgando de tu pequeña cintura de avispa, que tantas noches alegres me ha dado - Y tantas noches de insomnio provoca -. Deslizo mis manos por tu pecho, recreándome en cada centímetro de dedo que meto bajo tú sujetador de encaje, que aunque no lo digas te pusiste para mi o para hoy, porque sabías que algo interesante te pasaría. 
Tu temperatura sube a la par que suben mis pulsaciones y tus pechos no son suficientes para tranquilizarme, así que lentamente bajo mi mano derecha hacia tu ombligo y meto mi mano en tus minúsculas bragas. 'Cariño, para esto podías no ponerte nada, sería lo mismo'. 
Muerdo tu cuello mientras acaricio tu pequeño pezón haciendo diminutos círculos y me recreo con los dedos en el húmedo de tu entrepierna. El mundo se para, que vas a gemir. Y como siempre, intentas tomar el control. Te giras, te quito los dos botones restantes de la camisa a contrarreloj. Porque mi camisa ya estaba volando contra el armario. Me vuelvo torpe intentando desabrocharte el pantalón por tus manos, que juegan con mi viejo cinturón y sé de buena mano lo que viene después. Tu ceñido pantalón cae lentamente por tus piernas mientras me besas y te aprovechas de tu victoria contra el cinturón poniéndote de rodillas y comiéndomela lentamente, te recreas en tu hazaña disfrutando como mis piernas se ponen tensas y suspiro profundamente. No puedo más y esto no va a quedarse en un monologo, te subo y te empujo contra la cama. Subo a la cama por tus piernas, parando estratégicamente para escucharte gemir y me quedo haciendo eses con la lengua, hasta que te corres por primera vez. 
Como lo echaba de menos. 
Con tu sabor en los labios subo por tu ombligo hasta llegar a las dos montañas que más veces he escalado, y me las como a besos, una vez más, para terminar en tu boca con el popurrí de sabores que tanto nos gusta compartir. Entonces me coloco, y mientras tus piernas buscan mi espalda yo busco tu entrepierna. Y pasa, como otras mil veces ha pasado y otras miles pasarán, estoy dentro de ti, y sé que quedan cientos de arremetidas, cientos de gemidos y decenas de orgasmos antes de que me de cuenta de que hora es, en que día vivo y en que planeta nací.

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