Volver a empezar,...a querer.
Todo lo que vino después, fuiste tú.
Tú, robando mis palabras,
deshaciendo mis textos.
Tú, olvidándote de todo
y acordándote de mí.
deshaciendo mis textos.
Tú, olvidándote de todo
y acordándote de mí.
Fuiste tú, la que invitaste a asomarnos al abismo.
Tú, la que apostaste todo a mi morado
sin saber qué pasaría con tu azul.
Tú, la que apostaste todo a mi morado
sin saber qué pasaría con tu azul.
En una noche te hiciste conmigo,
en una única noche me sacaste de mí.
en una única noche me sacaste de mí.
Y es que no puedo no pensar que tus manos
no estén hechas de versos,
que hemos tardado tanto tiempo en encontrarnos
que a veces me parece un suicidio.
no estén hechas de versos,
que hemos tardado tanto tiempo en encontrarnos
que a veces me parece un suicidio.
Que has tardado diez años en felicitarme la vida
con un “felices tú”,
porque no estás feliz por la tardanza,
sino por habernos cruzado.
Felices nosotros, que aguantamos la distancia
y soportamos los segundos sin vivirnos.
Felices tú y feliz vida te dieron.
Feliz vida podriamos darnos.
Felices y buenas noches me gritan tus latidos.
Porque supe que subir al cielo
era escalar por tus caderas,
y entendí que todos los caminos
llevaban hasta a ti.
era escalar por tus caderas,
y entendí que todos los caminos
llevaban hasta a ti.
Me enseñaste que el atajo se escondía en tu clavícula,
y me invitabas a tomarlo empezando por tu espalda.
Me perdí por un tiempo en tus costillas,
hasta que tu voz, en formato susurro,
me indicaba el desvío.
Me choqué con tu cuello
y no supe hacer otra cosa que remolonear en él,
pero tu boca ya gritaba demasiado
y no podíamos hacer mucho ruido.
Así que fui,
llegué a tus colmillos
y mientras me suplicabas que parase,
acelerabas mis ganas de que durásemos más.
llegué a tus colmillos
y mientras me suplicabas que parase,
acelerabas mis ganas de que durásemos más.
Te dejé con la palabra en la boca y unos cuantos quejidos,
yo tomé el rumbo que llevaba hasta tu ombligo.
Te hicieron falta más de dos manos para elevarme contigo,
y opté por buscar un nuevo significado del amor.
Entonces me hiciste entender
que el amor era perderse,
que el amor era algo así como llover.
que el amor era perderse,
que el amor era algo así como llover.
Mis hombros no dejaban de tiritar cuando me fui,
y era porque me escapé tan lejos
que parecía haberme ido de mí.
y era porque me escapé tan lejos
que parecía haberme ido de mí.
Y te fuiste conmigo
y nos fuimos de aquí,
de donde viven los humanos,
de donde me pediste huir.
y nos fuimos de aquí,
de donde viven los humanos,
de donde me pediste huir.
Y vi que el séptimo cielo estaba en mis manos,
y vi que el sexto sentido era acariciarte el alma con mis yemas.
Y bajamos
y en la noche,
volvimos a subir.
y vi que el sexto sentido era acariciarte el alma con mis yemas.
Y bajamos
y en la noche,
volvimos a subir.
Después de perder la cuenta de mis pulsaciones,
asigné a mi diccionario
que el amor era la noche después del domingo
donde me prestabas escaleras para subir hasta tu piel.
asigné a mi diccionario
que el amor era la noche después del domingo
donde me prestabas escaleras para subir hasta tu piel.
El amor era escaparse contigo
y abandonar el mundo por tu última costilla,
donde me pedías por favor, que lo hiciera otra vez.
El amor era la mañana de despedida en la que sabía
que ya
no te volvería a ver.
que ya
no te volvería a ver.
El amor parece que anda de puntillas,
cuando se trata de comenzar otra vez.
El amor eres tú volviendo cada mañana a la vida,
despertando con tu risa cada parte de mi ser.
El amor es encontrarte en los libros que guardan
las mil formas de volver a empezar,
a querer.
despertando con tu risa cada parte de mi ser.
El amor es encontrarte en los libros que guardan
las mil formas de volver a empezar,
a querer.

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