Ciudades.
No sé, yo, cuando veo a alguien sonreír, me pregunto qué o quién estará provocando esa sonrisa. Si la luz que emite es, por ende, interna o externa. Si esa luz sería la misma si el motivo fuese diferente. Si está ahí siempre, a flor de labios, o se esconde cuando nadie la ve.
Otras veces pienso que hay tantas formas de decir te quiero como veces puedo mirarla al día. Que las mejores vistas de cualquier ciudad, a veces, se dan sin necesidad de subirse a un avión y que lo mejor de París fue volver de París, porque hay miradas capaces de convertirse en cualquier ciudad. Y esa ciudad es, entonces, la más bonita de todas las ciudades.

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