No recomendado a menores.

Te imagino ahí, tan tumbada
ni siquiera sé si eres zurda o diestra
pero sé, y eso me basta,
que te sobran tres dedos de una mano
para simular mi lengua.

Cierras con un fade out esos ojos de jurásica depredadora,
abres lentamente la boca y esbozas una sonrisa
vampírica mientras saboreas
el inminente bocado.

En este punto pienso en tus costillas que
privadas, en horizontal, de la sagrada tarea que supone sostener
esas dos montañas de caramelo a las que algunos llamarían, sin más,
'tetas', se marcan,
se lucen cuando, imponente, arqueas la espalda.

Los dedos de tus pies,
ajenos al verdadero espectáculo,
tocan un blues en el piano invisible del aire
que queda entre tus sabanas.

Tus manos resuelven un crucigrama inimaginable
donde sólo tú y yo, sabemos las palabras que faltan
pero son las sabanas, cómplices de tu nostalgia,
las que pagan con tirones
tu imparable insistencia.

Recuerdas, con una inocencia fingida a la perfección,
un 'córrete', susurrado con ganas al oído
y comienza la cuenta atrás.

Todo se vuelve fuego, calor, humedad, vertiente, vacío,
sientes por todo tu cuerpo una
sinestesia de utopías
y después mar, mar y más mar abierto.

Entonces caigo en la cuenta
de que yo, patoso ladrón de algunos versos,
te he dado treinta versos de ventaja
y, realmente,
sólo quería correrme contigo.

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