De otra pasta.

Somos de otra pasta,
de otra generación,
'ser feliz es una decisión'
y yo nací en la época en la que los caballeros se oxidaban
no por el paso de los años
sino de frotarse tanto la armadura con un orgullo que no merecían,
así que me desnudé
y me fui a darme de bruces con la vida
a jugar a las damas con lo peor de mi,
a ganar
y a encontrarme de golpe y sorpresa
con la reina que todos buscamos.
Que cada vez hay menos hombres de hechos
y empiezan a sobrar los que rezuman palabras como si la poesía fuese gratis
y no nos pasase después
la factura.
Odio que ya no se valoren los 'te quiero'
porque os ocupasteis de violar esas ocho letras tanto,
que ya ni se molestaban en gritar auxilio.
Que sí,
que la vida es muy puta
y puede que todos nos hayamos vuelto un poco más malos
pero eso no es excusa para olvidar que antes
se abrían las litros con la boca,
te desollabas las rodillas si querías divertirte por las tardes
y se arrancaban las flores del suelo
para dejarlas bajo las ventanas
y pedir besos a modo de rescates.
Porque que el mundo sea una mierda
no os da derecho a prostituir los principios
solo para obtener finales alternativos,
ni derecho a olvidar
que hay gente que una vez intentó empezar a fumar
y lo dejó por imposible.
Gente que olvidó el sabor de su primer beso,
el tacto del sudor en su último polvo
o el olor del champú con el que su madre los bañaba de pequeños.
Que todo va de eso,
versos versus besos,
que hay que pelear con uñas y dientes por la Reina
la de Picas,
que los corazones ya los ponemos nosotros.
Y si se rompen,
con dos cojones
luciremos las cicatrices a modo de declaración de intenciones.

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