Condenas.

Si los baños de bar hablaran
posiblemente ni escribiría.

Me acusarían de plagio los quince espejos
donde apoye tu espalda
bajo una mirada tan atenta,
que ni yo termino de creerme
que fuera la mía.

Me caería encima
la condena del asesinato -con saña-
de cualquier reflejo
que osara hablar de ti.

Y quizás acabase libre
(no conozco a un solo abogado
capaz de ganarle un juicio a tus ojos)
porque estoy seguro
de que todos los botellines vacíos del suelo,
y las colillas huérfanas de fumadores,
testificarían a mi favor -al tuyo-
sólo por ver el cielo, -tus labios-
derrumbarse sobre ellos
una vez más.

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