Mañanas que mueren en poemas.

Ya no sé como decirte
que solo tengo palabras para ti,
que los ojos se salen de las órbitas solo para ir a buscarte
y que las aves migratorias saben bien de lo que hablo:
"Ellos buscan su nuevo hogar,
yo lucho por el mío.''

Que pienso echar abajo cada uno de tus principios,
coser tus jirones,
lamer tus heridas
y fingir que me duelen las mías,
para que tu hagas eso que haces con la lengua
cuando te termino de sacar de tus casillas.

Que sé de nuestras imposibilidades,
cuento con tus colas de desconfianzas,
con mi mochila de fracasos,
no olvido cada uno de los ochocientos metros
que separan mi cabezonerio de tu orgullo,
pero también tus piernas de mis hombros
¿Es curioso como una frase nubla la otra, verdad?
Que no quiero separarme de tu raspa,
ni quiero seguir bebiendo para verte triste en el fondo del vaso.

Te quiero a tu manera
porque si buscase algo fácil,
no te habría elegido a ti.
Tu, que estás en el centro entre 'otra' y 'distinta',
creando el equilibrio entre la novela de fantasía
y el cine de ciencia ficción.

Que ya es imposible hablar de mi sin mencionarte,
ni quererme sin echarte de menos,
por mucho que digan los matasanos:
'Tienes que quererte para ser feliz,
aprender a estar solo.'
que quieres que diga,
yo nunca me he sentido más fuerte que cuando tu me miras.

Que tú;
eres tú:
Un caos completo por dentro
y preciosa como la que más por fuera.
Como esas mañanas,
que siempre mueren en un poema.

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